Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juanita

Sor Juana Inés de la Cruz (Escucha el podcast) (Visita el curso interactivo)

Por Hand Made Spanish Classes

Me llamo Juana de Asbaje y Ramírez, pero todos me conocen como Sor Juana Inés de la Cruz.

Nací en San Miguel de Nepantla en México en 1648 en las laderas del volcán Popocatépetl.

Cuando tenía 3 años ya sabía leer y escribir. Después tuve que aprender a coser y a bordar, habilidades más comunes para las mujeres en aquella época.

A los 7 años descubrí que existía un lugar increíble para los hombres llamado “universidad”. Le rogué a mi mamá que me disfrazara de niño y que me enviara lo más pronto posible allí. Mi mamá me dijo que no era buena idea, entonces yo continué leyendo y estudiando mucho. Descubrí la biblioteca de mi abuelo y ahí leí muchos libros  clásicos griegos y romanos y de teología. También aprendí náhuatl en la hacienda de mi abuelito.

Desafortunadamente mi abuelito murió cuando yo tenía solo 8 años y entonces mi mamá me envió a vivir con mi tía María y mi tío Juan a la Ciudad de México.

En casa de mis tíos continué leyendo y estudiando. Era autodidacta.

Todos se sorprendían mucho por mis conocimientos a tan temprana edad.

Viví con mis tíos hasta que un día entré a la corte como dama de compañía de la virreina. Ellos rápidamente se dieron cuenta de mi talento.

En la corte estuve rodeada de gente muy inteligente e importante. Tuve la oportunidad de aprender y escribir mucho. Ahí, también aprendí latín en tan solo 20 clases.

Todos estaban tan sorprendidos que un día decidieron llamar a un grupo de sabios para poner a prueba mis conocimientos. Respondí correctamente todas sus preguntas acerca de una gran variedad de temas.

Estudiar era muy importante para mí. A veces me cortaba el pelo y me proponía aprender un tema antes de que me volviera a crecer. Si no lo lograba, me lo volvía a cortar. Yo creía que una cabeza no era digna de una hermosa cabellera si no tenía una mente llena de conocimiento.

Cuando era adolescente no mostraba ningún interés por casarme. Me atrajo la idea de una vida religiosa en un convento porque eso me permitiría dedicar mi tiempo libre a estudiar y escribir.

Entré al Convento de las Carmelitas, pero solo duré 3 meses porque era un estilo de vida muy exigente y me enfermé.

Después entré al Convento de San Jerónimo en donde eran más flexibles. Ahí me quedé para siempre.

Escribí mucho durante toda mi vida. Escribí muchos poemas, sonetos, redondillas, obras teatrales y teológicas, composiciones, tratados, villancicos y muchas cartas.

Entre mis obras más famosas están mis Cartas a Sor Filotea, Los Empeños de una casa y Amor es más laberinto.

Mis ideas no eran las más comunes en esa época. No eran bien aceptadas por lo cual me obligaron a deshacerme de mis libros y renunciar a escribir más. Fue terrible para mí.

Yo creía que las mujeres teníamos derecho a la educación, pero los demás no pensaban lo mismo.

En uno de mis textos me despedí, quizá irónicamente, de mi vida intelectual diciendo: “Yo, la peor de todas”

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